Tiene una excelente ubicación, está en pleno corazón del viejo Montreal, hay comercios cercanos y a media cuadra de la Basílica Notre-Dame, puedes encontrar muy buenos lugares para comer a solo un par de minutos. La habitación estaba sucia y algo descuidada, era evidente que requería algo de mantenimiento. Pague el desayuno para todos los días de mi estancia, la comida era muy rica, sin embargo el servicio del restaurante fue decayendo conforme avanzaban los días; el penúltimo día tardamos casi dos horas en terminar de desayunar, el ultimo día que era nuestra salida decidimos no tomar el desayuno. La noche anterior a mi salida, solicite mi cena en el restaurante para envío a mi habitación, nunca llegó y cuando baje a confirmar después de 1 hora y 30 minutos, no la habían preparado. El personal de recepción muy atento. El bar es comodo y tienen buena cerveza y cocteles.