El hotel está muy bien decorado, la habitación es muy cómoda, amplia, todo muy nuevo y limpio, sabanas con tacto muy agradable y el jabón del baño huele a cítricos. Las vistas desde la planta 5 espectaculares, veíamos hasta la catedral. Tiene el detalle de dejarte botellas para que puedas llenarlas de agua natural o con gas en una fuente de recepción.
En recepción estaba Adrián, un español encantador que nos dió muy buenos consejos. Y es un plus poderte entender en español.
Comimos dos habitaciones familiares que se comunican por un hall.
El desayuno era variado y bueno, con dulce y salado, con fruta, cereales, quesos y embutidos. Lo recomiendo, aunque ojalá hubiese café de cápsulas o por lo menos más fuerte.
Hay aparcamiento de pago a unos 100 metros justo enfrente en la Estacion de tren, a 26 euros la noche.
Está en una zona con bares y algún supermercado.
Andando al centro unos 15 minutos.
En la recepción hay posibilidad de pedir algo de beber, aunque nosotros no lo hicimos.