Aunque aparezca como hotel, en realidad tiene más aspecto de hostal. La recepción y el restaurante son muy acogedores y suben el caché del resto. El desayuno es bastante bueno. No hay mucha variedad pero es más que suficiente a no ser que seas de los que que desayunan huevos fritos con bacon.
El servicio de limpieza no me gustó mucho porque el primer día encontré una mata de pelos en las toallas, cosa que no se repitió. Y otro día me dejaron la habitación sin echar la llave hasta que volví por la noche. No creo que pase nada en un lugar tan tranquilo, pero te deja intranquilo. La llave es de las que te entregan con un llavero gigante como antiguamente, no es de tarjeta.
Otra cosa es el ruido que hay en la habitación 4, y supongo que también en la 5, que están bajo la cocina. Aunque el ajetreo no va más allá de las 23:00 h.
El trato es amable, y familiar, es lo bueno de los hoteles pequeños, que es fácil recordar a los clientes.